Este domingo 7 de junio, en punto de las 8 de la mañana, por lo menos dos mil personas se dieron cita a las afueras de Los Mochis, Ahome, para marchar en contra de la planta de amoniaco que Gas y Petroquímica de Occidente (GPO), filial de la suizo-alemana Proman, construye hoy en la orilla de la Bahía de Ohuira, parte de un sistema de humedales protegido a nivel internacional como sitio Ramsar y fuente de sustento para comunidades indígenas pesqueras mayo-yoreme de los alrededores.

La marcha fue convocada por el colectivo Aquí No, que encabeza la resistencia social y legal en contra de megaproyectos industriales que buscan instalarse en la región de Topolobampo, advirtiendo daños severos e irreversibles para el ecosistema, que terminarían con la forma de vida de los pueblos originarios que permanecen allí.

Se trató de una marcha multitudinaria que congregó a personas de diversos sectores sociales y comunidades de la región. Entre los asistentes se encontraban habitantes de pueblos indígenas como Lázaro Cárdenas, Ohuira y Charay; pescadores; fariseos yoremes; danzantes de venado; ambientalistas que viajaron desde Mazatlán; estudiantes de la Universidad Indígena de Los Mochis; integrantes de la sociedad civil mochitense y numerosos residentes de Topolobampo, quienes se sumaron a la movilización en rechazo al proyecto.

Fariseos yoremes

Fariseos yoremes participaron en la marcha contra la planta de amoniaco de GPO, sumándose a las comunidades indígenas que rechazan el proyecto en la Bahía de Ohuira.

También había niños, adolescentes, jóvenes y personas de la tercera edad. Todas esas diferencias se difuminaban cuando gritaban al unísono sus consignas.

“Aquí no” es, quizá, la consigna más repetida, no solo durante esta manifestación, sino en la serie de movilizaciones ciudadanas contra la planta de amoniaco que se han intensificado durante la última semana. El repunte de las protestas ocurrió tras la llegada a Topolobampo de enormes estructuras metálicas procedentes de Bélgica, destinadas a formar parte de la infraestructura de la planta. Su arribo generó inquietud y una fuerte reacción entre los habitantes de la comunidad.

Tras 5 kilómetros marchando, los manifestantes abordaron vehículos que venían acompañando al contingente desde su salida de Los Mochis. En motos, camionetas, carros compactos y hasta a caballo, un porcentaje considerable de los manifestantes se estacionó a la altura del parque industrial Pacific City, cerca de la entrada a Topolobampo y al frente de un camino de terracería que conduce a la valla divisoria de la propiedad privada de GPO.

Tras organizar a la muchedumbre, los liderazgos indígenas de Aquí No solicitaron a los manifestantes conducirse con legalidad. Los representantes de las comunidades pasaron a la valla y le colocaron una lona blanca alargada con la palabra “Clausurada” escrita en letras rojas. Mientras, los chicoteros, autoridades del orden indígenas, cuidaban que los manifestantes no llegaran a dañar la valla y, con ello, rompieran con el carácter pacífico de la protesta.

Posteriormente, los voceros del colectivo hablaron a los manifestantes, expresando principalmente su agradecimiento por asistir a la marcha. También lanzaron un ultimátum: si las autoridades mexicanas u organismos internacionales no clausuraban la obra en el transcurso de la siguiente semana, las comunidades tomarían sus propias medidas, esta vez más radicales que nunca.

Cuando los manifestantes se dispersaron, alrededor de las 12 del medio día, tres camionetas de la policía estatal llegaron a resguardar la entrada a las instalaciones de GPO. No se registraron confrontaciones, ataques, provocaciones ni ningún tipo de incidente de seguridad.

Con todo, portavoces del colectivo acusaron intentos de sabotaje previos a la marcha, pues trascendió que choferes y transportistas habían sido amenazados por parte de las autoridades municipales de ser multados si movilizaban gente para manifestarse. Las autoridades de tránsito de Ahome han negado estos señalamientos.

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