La marcha significó el rugido de indignación y desesperación del Sinaloa herido por las armas criminales e igualmente lastimado por la desidia y simulación del Gobierno que manipula las estadísticas de la violencia para convertirlas en cuentas alegres.
Dejemos de culpar a Dios
Si un gobierno no garantiza seguridad, ¿es Dios quien decidió no perseguir al delincuente?